
Existen lugares en la tierra, rincones del mundo alejados de cualquier vínculo temporal, escondidos entre recónditas ruinas bañadas de oro en los atardeceres estivales, carcomidas por el salitre y las gaviotas, visibles tan sólo para los ojos de los soñadores, donde todavía palpita con fuerza el corazón de las leyendas, donde las rocas destartaladas y dispersas muestran, a quienes desean ver, el reflejo de las mayores hazañas alcanzadas, en los que si escuchas atento, aún puedes oír los susurros del pasado que, con voz de seda, entonan…
… cantad, oh Musas, ensalzad con vuestra voz la gloria de los héroes
los de brillante presencia, los de vehemente palabra,
traed a nuestras mentes las grandes pérdidas sufridas
las lágrimas que apagaron las cenizas de Ilión, los llantos que llamaron,
desesperados, aquellos nombres cuya mención hinchaba el corazón de los guerreros
devolvednos las grandes escenas que construyeron con rojo fuego y brillante sangre
los pilares que, aunque olvidados, aún hoy soportan los cimientos del hombre…
… cantad, oh Musas, y que sea vuestra esencia la que nos lleve más allá
a ese lugar de nuestra memoria perdida, donde moran los mitos,
donde dominan los dioses, donde los altos hombres guerrean,
donde las viejas bestias acechan, donde las ciudades aún brillan,
donde lo sueños, todavía no fueron encerrados en pergamino…
… cantad, oh Musas, y recordad, recordad, cuando todavía, en vuestro nombre,
fluía la vida del soldado, el cincel del artista, la pluma del sabio,
la voz del aedo, las sonrisas de los niños, la imaginación de los poetas,
un tiempo de inalcanzables gestas, un tiempo de deslumbrantes almas,
un tiempo de elevados propósitos, un tiempo donde, sobre la tierra,
nacían aquellos cuyo destino trascendía los planes de los dioses,
un tiempo donde los ideales caminaban entre los hombres, el tiempo de los AQUEOS…
En uno de estos lugares termina nuestra historia, sobre las ruinas de lo que, en tiempos de gloria, fue un templo al dios del mar, un lugar de peregrinaje y adoración para miles de personas, un lugar de poder y luz para los mortales. En este lugar, hace tiempo olvidado, es donde el último hombre que aún recordaba, transmitió por última vez la historia, la leyenda y el mito. En aquel lugar, donde todo comenzó, era justo que todo acabara…
- Abuelo, cuéntame otra vez aquel cuento. – Con la pasión e inocencia de cualquier niño soñador, la voz del pequeño instaba al anciano con impaciencia mientras sus delicadas manos se aferraban a los ropajes del viejo.
- Nunca fue un cuento… todo sucedió, hace mucho tiempo mi querido niño. – La voz del anciano sonaba tranquila, serena, como la melodía grave y añeja que entonan los ríos que lamen sus riberas justo antes de fenecer en el mar.
- Cuéntamelo otra vez, por favor… - El anciano perfiló una sonrisa suave, llena, a la vez, de paz y tristeza, como un recuerdo ebrio de nostalgia, y entonces, con voz queda, comenzó su relato, que tantas veces había repetido a los pies del lecho de su nieto.
- Hace mucho, mucho tiempo, antes que las estrellas y la luna nos regalaran su brillo durante las oscuras noches, antes de que el mar susurrara entre ola y ola la canción de la creación, sólo existía el Caos. Pero, el Caos, inconstante y desordenado, no podía ser eterno, pues en sí mismo estaba el cambio.
El tiempo pasaba, aunque entonces no significaba nada, pues sólo el Caos, eternamente cambiante, existía, y de repente, tras un gran destello, apareció Gea la gran madre, donde todas las cosas morarían, tanto mortales como inmortales. Pero de las brumas del Caos también aparecieron lugares oscuros, pues es en la creación tan real la luz como la oscuridad, y así el Tártaro también llegó, quedando abajo, muy abajo, mucho más allá del Hades.
Y el tiempo pasaba, aunque entonces no significaba nada, pues hasta las ideas aún eran borrosas y difíciles de ver. Entonces Gea, la gran madre, engendró a Urano, y junto a Él compartió todo, y fueron felices, si los dioses pueden serlo, y engendraron a los Titanes. Pero entonces, Urano, temeroso de sus hijos, decidió encerrarlos. Gea, apiadándose de ellos, ayudo al menor de sus hijos, Cronos, a derrotar a su padre y así liberar a sus hermanos. Con esto los Titanes gobernaron la tierra.
Y el tiempo pasaba, aunque entonces no significaba nada, pues era la edad Dorada y toda razón era eterna. Pero entonces sucedió, y el hijo repitió los errores del padre, y junto a su esposa, engendró a los dioses, y uno a uno los fue engullendo, y de nuevo la madre debía apiadarse de sus retoños, y así salvó al pequeño, y así el pequeño se enfrentó a su padre, y así Zeus llegó al trono, glorificado por sus hermanos liberados de las entrañas de Cronos, su padre, a quien encerró en las profundidades de la tierra.
Y el tiempo pasaba, aunque entonces no significaba nada, pues era el tiempo de los dioses, y sobre los cielos podrían haber gobernado por siempre. Pero los Titanes, derrotados y humillados, aún existían, y fue entonces cuando Prometeo, grande en astucia y engaños, urdía sus tretas contra los dioses. Con sus manos esculpió del barro la carne, dando forma a los hombres y liberándolos en la tierra, también robó el fuego a los dioses para regalárselo a los mortales, por ésta, y muchas otras cosas, fue castigado.
Pero su obra trascendió mucho más allá de lo que los dioses imaginaron. Pues fue su obra la que dió sentido al tiempo, dando vida a la historia, y nacimiento a una nueva era, pues de entre sus creaciones, habitaron mujeres y hombres de extrema belleza y singulares cualidades, y estos hombres y mujeres fueron deseados por los dioses, y de sus uniones nacieron criaturas a medio camino entre el cielo y la tierra, cuyos destinos iluminarían el alma de los hombres, como el Sol iluminaba sus tierras.
Y fue de entre ellos, que se escogieron a los elegidos, y fueron estos quienes crearon los mitos, que jamás debían borrarse, los elegidos recorrieron la tierra, y allí donde fueron sus nombres serían recordados, pero una palabra los recordaría a todos, pues es la palabra el poder de los hombres, esa palabra, cuya mera mención bastaba para llenar el corazón de los afligidos de esperanza fue …AQUEOS









Aqueos








