
“Tras meses de viaje, tanto por tierra como por mar, tras ver diferentes paisajes, pueblos, países, personas, tras escuchar muchos más idiomas que el de su tierra natal, tras desplazarse por llanuras, montañas, valles, altiplanicies, tras navegar por el Mediterraneo, los peregrinos llegan a Tierra Santa. Pero el puerto de San Juan de Acre no es su objetivo, la expiación de sus pecados sólo puede darse en la Ciudad Santa. El tramo del viaje que queda es, sin lugar a dudas, el más duro… y no por las inclemencias del tiempo o por los ataques de los beduinos, no, es por la ansiedad de llegar a la Ciudad Prometida, por poder andar por donde el Redentor estuvo, por ver Belén y el lugar de la Natividad, por poder llegar al Santo Sepulcro y llorar los pecados… Es por ver Jerusalén.”
Guido de Lusignan.
Memorias de un Peregrino
Jerusalén es la Ciudad Eterna, la capital de los Tres Reinos de Dios, la capital deseada por las tres Fes del Libro. Pero no solo existe esta ciudad, está también Antioquía, Alepo, San Juan de Acre, Damasco, Medina, Bagdag… Y no solo es el Reino de Jerusalén, también es el Condado de Edesa, Principado de Antioquía, Condado de Trípoli, Emirato de Bagdag, Emirato de Damasco, Emirato del Rum…
Jerusalén 1119 no es un lugar de enfrentamiento entre religiones, es un lugar donde los personajes buscas sobrevivir en un tiempo convulso y buscan forjar su destino. Es un lugar donde las leyendas se tornan realidad en los lindes del desierto y donde hay más intercambio de culturas que cerrazón.
No es una lucha ciega, es la búsqueda de la supervivencia. En Jerusalén 1119 los jugadores podrán encarnar cruzados asentados tras la Primera Cruzada, peregrinos recién llegados, judíos expulsados de las ciudades y deseando que la Tierra Prometida vuelva a sus manos, musulmanes campesinos en tierras usurpadas, nobles y burgueses que viven de la guerra y el comercio, emires y ciudadanos que luchan contra creyentes e infieles.
Urbano II en el Concilio de Clermont dijo:
“...¡Desgraciados de nosotros, hijos y hermanos míos, que hemos vivido en estos días de calamidades! ¿Hemos venido a este siglo reprobado del cielo, para ver la desolación de la Ciudad Santa y permanecer nl paz, cuando ella se halla en mano de sus opresores? ¿No es mejor morir en la guerra, que soportar por mas tiempo ese horrible espectáculo? Lloremos todos juntos nuestra culpas que han armado la cólera divina; lloremos por la desgraciada Jerusalén…”
Ibn al-Atir dijo esto tras la toma de Jerusalén por los Cruzados en 1099:
“… A la población de la Ciudad Santa la pasaron a cuchillo, y los frany estuvieron matando musulmanes durante una semana. En la mezquita al-Aqsa mataron a mucha gente. A los judíos los reunieron en su sinagoga y allí los quemaron vivos. Destruyeron también los monumentos de los santos y la tumba de Abraham --¡la paz sea con el!.”
Finalmente, todos somos creyentes, paganos o infieles, pero Jerusalén perdura.
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